La sonrisa del candidato

Sonreír debería ser un ejercicio de honestidad. Una sonrisa falsa es tristeza encubierta. Una sonrisa interesada es la herramienta más vil del intrigante.

Las campañas electorales son tiempo de sonrisas falaces. Los candidatos sonríen para mendigar el voto.

¿Quién sabe qué ocurre después del clic fotográfico? Quizá el gesto amable se desvanezca y la sonrisa se transmute en rictus. Quizá la mirada descienda al móvil y la expresión sea dura y parca.

Los candidatos sonríen aunque sepan que van a perder. Aunque sepan que robarán. Aunque mientan.

Las sonrisas son la línea curva más corta entre dos personas. Cargarlas de interés pervierte la proximidad.

Sospecho de las personas que sonríen demasiado porque la felicidad es intermitente.

Amo a las personas que sonríen con frecuencia a pesar de la felicidad interrumpida.