La Ribagorza

Llegamos a la casa de Xavi y Anna un lunes de noviembre, sin muchos planes por delante, con mucho tiempo para descubrir La Ribagorza, el Somontano de Barbastro y poco del Sobrarbe. La hospitalidad de Xavi nos arropa desde el primer momento, sabe que su rincón en el mundo es encantador y lo alimenta con cariño. Se llama Casa El Pelaire y la encontrarás en el diminuto pueblo de Perarrúa. Nos acogen Xavi, la casa, los inmensos Pirineos que se levantan como murallas inasequibles y los colores del otoño en los árboles caducifolios. Un río, el Ésera, de ruidoso caudal. Cuatro habitantes por kilómetro cuadrado. Nosotros, llegados del centro de Barcelona, no nos hacemos a tanta paz de buenas a primeras. Inevitable la conversación: «¿Te imaginas vivir aquí?». Pasamos cinco noches y seis días. Nos acompaña la lluvia y no nos importa. De la estancia, agradabilísima, destilo 6 recuerdos en clave gastronómica.

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La Chireta

Encontrarás todo lo que hay que saber de la chireta en Wikipedia pero por si te da pereza abrir una enciclopedia, ahí van unas pinceladas: se trata de un embutido de arroz y productos de la matacía del cordero que normalmente no te comerías, como el pulmón, especiado con bien de pimienta y algo de canela. Las piezas se hierven, se cortan en lonchas y luego se fríen a la romana. Estoy seguro que no probé la mejor chireta de Huesca pero, aún y así, me pareció un manjar sublime.

Casa Melsa

Me sentí como un niño que por primera vez visita una tienda de caramelos. El mostrador, alto y marmóreo, sitúa a las dependientas en una posición elevada, como si fueran sacerdotisas de un culto pagano, dedicado a la longaniza. Y es que en Casa Melsa se fragua «uno de los tres sabores» de la Longaniza de Graus, embutido de cerdo delicioso, mórbido, que afortunadamente se puede comprar online. Nosotros probamos la natural, pero también las hay con boletus, trompetas o trufa. Es algo descomunal. Y que la sirva con orgullo la misma familia que regenta el negocio y la tienda desde hace 150 años, hacen de la compra algo muy especial. Un lugar mágico, que apenas ha cambiado desde su fundación.

Bodegas Sers

En alguna cena en casa, nuestro amigo Pep nos había descubierto el vino más singular de esta pequeña bodega familiar, dirigida por Pablo, cuya producción no alcanza las 30.000 botellas anuales. El vino es un monovarietal de Parraleta, uva local del Somontano, escasa, ácida, con leve aroma de pimienta, que una sabia fermentación, el paso por barricas de roble americano y un filtrado mínimo convierten en un magnífico vino. Y no es el único magnífico vino que sale de las vides de Pablo. Nos sorprende un chardonnay ligeramente pasado por barrica que emana piña y plátano y un reserva coupage que apunta deliciosos sabores dulces a pasa y ciruela. Los vinos de Pablo tienen un paso en boca sedoso, aterciopelado, características que él traslada a su trato y conversación (¿o bien es al revés?). Los vinos de Pablo pueden encontrarse en Barcelona en la tienda Pernil 181, entre otras.


Hay otros recuerdos: el ternasco más meloso del mundo, en el hotel Bodegas de Arnés. Un menú del día que nos haría saltar las lágrimas si lo encontráramos en Barcelona, comido en el hotel San Ramón de Barbastro. Un yogur de oveja para ponerse a balar de felicidad.
En fin, país delicioso.


 

Procuro no escribir con la boca llena.

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