Desconcierto

Al final de una cena de prensa en su nuevo restaurante, Dos Pebrots, Albert Raurich lanza la pregunta: “¿Qué os ha parecido?”.

En ocasiones, cuando algo o mucho ha fallado en la cocina, puede ser una pregunta incómoda.

No es el caso, la cena estuvo perfecta, pero respondo que estoy desconcertado. “Aunque no es algo negativo”, añado.

 

En ese momento, no sé explicar mi desconcierto. Si supiera, ¿sería desconcierto?

Josep Sucarrats, con muy buen tino, sabe explicárselo a Raurich y, de paso, yo me entero también.

Sucarrats dice algo así: “es un restaurante conceptualizado alrededor de la cocina y no estamos acostumbrados. Últimamente vamos a restaurantes conceptualizados alrededor de una experiencia, o de la decoración, o de un producto…”.

Raurich, con el mismo buen tino, responde: “¡Es que soy cocinero!”.

 

La cocina de Dos Pebrots rescata platos de todo el Mediterráneo sacados de recetarios antiguos. En la carta está referenciado de qué libro sale cada receta, que técnica principal se emplea en ella, qué antigüedad puede tener, qué herramienta hay que usar para comerla. Cocina, cocina, cocina.

Días después, el desconcierto muta: ¿en qué punto está la restauración en Barcelona cuando un restaurante basado en la cocina nos desconcierta?

No puedo explicármelo inmediatamente.